El pulpo inseguro

Érase una vez un pulpo que siempre se quejaba por tener demasiados brazos. Él, lo único que quería, era tener dos brazos como los demás animales que vivían en el fondo del mar.

—¿Para qué quiero yo ocho brazos? ¡Es ridículo! ¡Es demasiado! —murmuraba el pulpo, mientras preparaba la comida con dos de ellos —¡No sé qué hacer con los otros seis!

Un buen día, el pulpo se cruzó con un cangrejo que jugaba con una piedrita brillante del mar. Al verlo, le dijo:

—¡Qué afortunado eres! Tú tienes solo dos brazos y puedes jugar con una piedrita sin preocuparte por otros brazos. En cambio yo, tengo ocho brazos largos y feos y no sé qué hacer con ellos.

—Creo que estás equivocado—dijo el cangrejo— A mí me encantaría tener más brazos, de esa manera podría hacer muchas cosas a la vez, en menos tiempo. Podría tocar varios instrumentos de música al mismo tiempo, ordenar mi cuarto en pocos segundos, abrazar a ocho amigos a la vez, limpiar la casa más rápido y muchas cosas más.

El pulpo, gracias a las palabras de su pequeño amigo, descubrió que se había pasado la vida quejándose de sus brazos, en vez de utilizarlos a su favor. Ese día, formó la orquesta Pulpocho, que se hizo muy famosa en el mar. Nadie podía superarlo ni igualarlo, pues nadie podía tocar tantos instrumentos a la vez como él.

Luciana Acuña


El pulpo inseguro

Érase una vez un pulpo que siempre se quejaba por tener demasiados brazos. Él, lo único que quería, era tener dos brazos como los demás animales que vivían en el fondo del mar.

—¿Para qué quiero yo ocho brazos? ¡Es ridículo! ¡Es demasiado! —murmuraba el pulpo, mientras preparaba la comida con dos de ellos —¡No sé qué hacer con los otros seis!

Un buen día, el pulpo se cruzó con un cangrejo que jugaba con una piedrita brillante del mar. Al verlo, le dijo:

—¡Qué afortunado eres! Tú tienes solo dos brazos y puedes jugar con una piedrita sin preocuparte por otros brazos. En cambio yo, tengo ocho brazos largos y feos y no sé qué hacer con ellos.

—Creo que estás equivocado—dijo el cangrejo— A mí me encantaría tener más brazos, de esa manera podría hacer muchas cosas a la vez, en menos tiempo. Podría tocar varios instrumentos de música al mismo tiempo, ordenar mi cuarto en pocos segundos, abrazar a ocho amigos a la vez, limpiar la casa más rápido y muchas cosas más.

El pulpo, gracias a las palabras de su pequeño amigo, descubrió que se había pasado la vida quejándose de sus brazos, en vez de utilizarlos a su favor. Ese día, formó la orquesta Pulpocho, que se hizo muy famosa en el mar. Nadie podía superarlo ni igualarlo, pues nadie podía tocar tantos instrumentos a la vez como él.

Luciana Acuña


El pulpo inseguro

Érase una vez un pulpo que siempre se quejaba por tener demasiados brazos. Él, lo único que quería, era tener dos brazos como los demás animales que vivían en el fondo del mar.

—¿Para qué quiero yo ocho brazos? ¡Es ridículo! ¡Es demasiado! —murmuraba el pulpo, mientras preparaba la comida con dos de ellos —¡No sé qué hacer con los otros seis!

Un buen día, el pulpo se cruzó con un cangrejo que jugaba con una piedrita brillante del mar. Al verlo, le dijo:

—¡Qué afortunado eres! Tú tienes solo dos brazos y puedes jugar con una piedrita sin preocuparte por otros brazos. En cambio yo, tengo ocho brazos largos y feos y no sé qué hacer con ellos.

—Creo que estás equivocado—dijo el cangrejo— A mí me encantaría tener más brazos, de esa manera podría hacer muchas cosas a la vez, en menos tiempo. Podría tocar varios instrumentos de música al mismo tiempo, ordenar mi cuarto en pocos segundos, abrazar a ocho amigos a la vez, limpiar la casa más rápido y muchas cosas más.

El pulpo, gracias a las palabras de su pequeño amigo, descubrió que se había pasado la vida quejándose de sus brazos, en vez de utilizarlos a su favor. Ese día, formó la orquesta Pulpocho, que se hizo muy famosa en el mar. Nadie podía superarlo ni igualarlo, pues nadie podía tocar tantos instrumentos a la vez como él.

Luciana Acuña


El pulpo inseguro

Érase una vez un pulpo que siempre se quejaba por tener demasiados brazos. Él, lo único que quería, era tener dos brazos como los demás animales que vivían en el fondo del mar.

—¿Para qué quiero yo ocho brazos? ¡Es ridículo! ¡Es demasiado! —murmuraba el pulpo, mientras preparaba la comida con dos de ellos —¡No sé qué hacer con los otros seis!

Un buen día, el pulpo se cruzó con un cangrejo que jugaba con una piedrita brillante del mar. Al verlo, le dijo:

—¡Qué afortunado eres! Tú tienes solo dos brazos y puedes jugar con una piedrita sin preocuparte por otros brazos. En cambio yo, tengo ocho brazos largos y feos y no sé qué hacer con ellos.

—Creo que estás equivocado—dijo el cangrejo— A mí me encantaría tener más brazos, de esa manera podría hacer muchas cosas a la vez, en menos tiempo. Podría tocar varios instrumentos de música al mismo tiempo, ordenar mi cuarto en pocos segundos, abrazar a ocho amigos a la vez, limpiar la casa más rápido y muchas cosas más.

El pulpo, gracias a las palabras de su pequeño amigo, descubrió que se había pasado la vida quejándose de sus brazos, en vez de utilizarlos a su favor. Ese día, formó la orquesta Pulpocho, que se hizo muy famosa en el mar. Nadie podía superarlo ni igualarlo, pues nadie podía tocar tantos instrumentos a la vez como él.

Luciana Acuña


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El pulpo inseguro

Érase una vez un pulpo que siempre se quejaba por tener demasiados brazos. Él, lo único que quería, era tener dos brazos como los demás animales que vivían en el fondo del mar.

—¿Para qué quiero yo ocho brazos? ¡Es ridículo! ¡Es demasiado! —murmuraba el pulpo, mientras preparaba la comida con dos de ellos —¡No sé qué hacer con los otros seis!

Un buen día, el pulpo se cruzó con un cangrejo que jugaba con una piedrita brillante del mar. Al verlo, le dijo:

—¡Qué afortunado eres! Tú tienes solo dos brazos y puedes jugar con una piedrita sin preocuparte por otros brazos. En cambio yo, tengo ocho brazos largos y feos y no sé qué hacer con ellos.

—Creo que estás equivocado—dijo el cangrejo— A mí me encantaría tener más brazos, de esa manera podría hacer muchas cosas a la vez, en menos tiempo. Podría tocar varios instrumentos de música al mismo tiempo, ordenar mi cuarto en pocos segundos, abrazar a ocho amigos a la vez, limpiar la casa más rápido y muchas cosas más.

El pulpo, gracias a las palabras de su pequeño amigo, descubrió que se había pasado la vida quejándose de sus brazos, en vez de utilizarlos a su favor. Ese día, formó la orquesta Pulpocho, que se hizo muy famosa en el mar. Nadie podía superarlo ni igualarlo, pues nadie podía tocar tantos instrumentos a la vez como él.

Luciana Acuña


¿Por qué?